Mi cama ya parece un fuerte, hay muchas almohadas, que la verdad no son tan cómodas. Me he dotado de una provisión de biscochos de achiras, tengo, muchas hojitas rosadas, que me regalo mi amiga Alexandra, con la condición que dibujara mucho, y le mostrara después los dibujos, 3 lapiceros: uno rosado, uno rojo y otro negro, mis audífonos y el ventilador muy cerca que es algo que me permite aislar el sonido, que tanto aborrezco de mi escandalosos vecinos problemáticos, siempre gritando a sus hijos, y escuchando vallenatos desde las 10 de la mañana. Empiezo a dibujar los bordes de mi cuarto, el borde de la puerta, donde está colgado un sombrero que era de mi abuelo, también hay muchas telarañas encima, después el borde donde abajo está el televisor, el borde de mi cama, hice un autorretrato y la nevera, al parecer empieza a llover y no me doy cuenta si no hasta 1:30 de la mañana, armo otro porro, me gusta dormir inconsciente de lo que está ocurriendo en mi cabeza cuando duermo; ya tengo suficiente con lo que recorre mi cabeza cuando tengo los ojos abiertos.