El Afecto es ridículo. Todos decimos querer, amar, y demás, sin embargo, es una consecuencia temporal, frágil y en su gran mayoría, una simple formalidad. La prueba es que olvidamos fácilmente. La prueba es que cada experiencia, o persona, o día, opaca con su misma falsedad, a la anterior. Y, en par de años, ese fuego bello del amor, será simplemente un banal recuerdo, tal vez en medio de la rutina, o en la torpe memoria que nace en el transporte público, o en la casualidad insípida de una inicial de un nombre, etc. Todos los que me han querido... Gracias, por augurar tan poco. De poco me ha servido su cariño hoy en día.